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Lanzan investigación inédita sobre las Grutas de Lourdes en Chile que dará vida al libro "La gruta no tiene límites"

  • Foto del escritor: Diario Aconcagua
    Diario Aconcagua
  • 25 ago
  • 8 Min. de lectura
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Nacional - Un grupo de investigadores chilenos y uno británico, presentan el inicio de la publicación "La gruta no tiene límites: Arquitectura sagrada y comunitaria de las Grutas de Lourdes en Chile", resultado de cinco años de trabajo que exploran el arraigo de esta devoción mariana en el paisaje cultural del país. La obra, impulsada por Fundación Aldea y financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, Convocatoria 2024, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, se propone revelar cómo una tradición nacida en Lourdes, Francia, en 1858, ha echado raíces y se ha transformado profundamente en el contexto chileno.


El estudio recorre la historia de la expansión global de la devoción a la Virgen de Lourdes, iniciada tras las apariciones a Bernardita Soubirous, y se adentra en cómo sus cinco signos emblemáticos —agua sanadora, roca protectora, luz de velas, muchedumbre en procesión y enfermos en busca de alivio— fueron importados inicialmente por las élites y rápidamente adoptados por comunidades a lo largo de todo Chile.


En los rincones más remotos del país, centenares de representaciones de la Gruta de Lourdes se mantienen vivas como santuarios comunitarios. A través de archivos, entrevistas y trabajo de campo, el libro demuestra que la gruta, antes de ser católica, es un espacio sagrado. Heredera del paisajismo europeo del siglo XIX, esta arquitectura devocional también conecta con antiguos cultos prehispánicos, úteros simbólicos y refugios sagrados presentes en distintas culturas.


Más que una simple importación, la Gruta de Lourdes se ha convertido en un puente cultural y espiritual. El mundo mestizo americano la incorporó a cerros tutelares, vertientes y rituales agrícolas, fusionando la imagen de la Virgen con antiguas deidades de la madre tierra. Hoy, estas grutas son escenarios de danzas religiosas, bailes chinos y otras expresiones de fe que fortalecen redes identitarias y un valioso patrimonio vivo.El libro demuestra que las grutas, antes de ser católicas, son sagradas, afirma Soledad Díaz de la Fuente, una de las autoras de la investigación.


Ocho casos de estudio ilustran esta diversidad: desde la Gruta de Lourdes de Carrizalillo, en Atacama, rodeada de olivos y vertientes; hasta la de Cay Cay, en Olmué, levantada en un antiguo asentamiento indígena; pasando por santuarios a la orilla de rutas, enclavados en cerros con significado mapuche, rodeados de bosques australes o integrados a la arquitectura chilota. Cada uno de estos lugares refleja cómo las claves devocionales de Lourdes se han reconfigurado según la geografía, la historia y la memoria de cada comunidad.


"La gruta no tiene límites" no solo documenta un patrimonio arquitectónico y espiritual, sino que abre una ventana a la comprensión de cómo las comunidades reinterpretan y resignifican símbolos globales desde su propia identidad.


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Grutas estudiadas


  1. Gruta de la Virgen de Lourdes de Carrizalillo, comuna de Freirina, región de Atacama


    Ubicada en la cordillera de la Costa, la gruta se alza en un alto desde donde la imagen de la Virgen protege al poblado, al canal de agua y a los huertos familiares. Fue construida colectivamente en 1976. Su fiesta se celebra el 11 de febrero y tiene un carácter local. Participan unos siete bailes religiosos, liderados por el baile de la comunidad: la Danza de Lourdes de Carrizalillo.

     

    Este caso fue elegido por el conflicto que se documentó al inicio de la investigación, en 2020, cuando surgió un debate dentro de la comunidad sobre si la antigua gruta debía demolerse o no para construir una nueva. Fue demolida en abril de 2021. La gruta reconstruida se inauguró el 11 de febrero de 2023.


  1. Gruta de Lourdes de Cay Cay, comuna de Olmué, región de Valparaíso

     

    Construida en 1946 para pagar la manda de una fiel, está situada en los faldeos de un cordón montañoso del Valle del Aconcagua, en el poblado de Cay Cay, que en tiempos de la Colonia era un asentamiento indígena. Su fiesta religiosa goza de gran prestigio social en la zona y se celebra el último domingo de noviembre, para el inicio del Adviento. En esta celebración solo participan bailes chinos y son convocadas entre 6 y 10 hermandades.

     

    Esta gruta fue seleccionada por el conflicto que la comunidad mantenía con el propietario de un terreno colindante, que empezó a correr la cerca divisoria, limitando el espacio de la fiesta. A pesar de que los bailes chinos están inscritos desde 2014 en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco y existe un plan de salvaguarda en curso, la institucionalidad no colaboró activamente en la solución del litigio por la propiedad del terreno, lo que significó un gran estrés para la comunidad.


  1. Gruta de la Virgen de Lourdes de la carretera, comuna de San Javier, región del Maule

     

    El origen de la gruta no es comunitario sino fruto del esfuerzo personal del sacerdote Raúl Solar Rodríguez, quien habría fallecido en 1964 a consecuencia del esfuerzo y las deudas contraídas para erigirla. Fue construida con hormigón armado revestido de piedra a fines de los años 1950, y responde a un estilo modernista. Su planta recuerda la de un templo católico y en ella se celebraron primeras comuniones, misas y novenas.

     

    Su fecha de construcción coincide con la proliferación de grutas experimentada en Chile en el marco de las conmemoraciones del centenario de la primera aparición de la Virgen en 1858. Este caso fue seleccionado por la pérdida de vigencia del culto colectivo en torno a la gruta, con el objetivo de comprender las causas de ese proceso.


  1. Gruta de la Virgen de Lourdes de Cerro Pulluquén, comuna de San Javier, región del Maule

     

    Emplazada al pie de un cerro con una larga tradición como espacio sagrado —Pulluquén, del mapudungun “cerro que está siendo”—, la gruta habría sido construida por un devoto en cumplimiento de una manda en los años 2000. Mucho antes, en 1904, mujeres de la aristocracia local ya habían instalado en la cima del cerro una imagen de la Virgen María traída desde Francia, posada sobre un plinto. La fiesta principal se celebra el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, y convoca a una gran cantidad de fieles.

     

    Este caso fue seleccionado por su relación con lo natural: se trata de una gruta con una intervención mínima, consistente en una hornacina de hormigón adosada al muro de roca viva del cerro. No obstante, en 2019 el lugar fue objeto de una drástica transformación impulsada por la municipalidad, que construyó un parque recreacional en el espacio sagrado. Esta acción puso en tensión dos formas opuestas de concebir el espacio: la de las personas creyentes, vinculada a la trascendencia, y la de las personas no religiosas, con una mirada más funcional y homogeneizante.


  2. Gruta de la Virgen de Lourdes, isla de Llingua, comuna de Quinchao, archipiélago de Chiloé, región de Los Lagos

     

    Se ubica en una isla cuyos habitantes son de origen chono, actualmente habitada por una comunidad chilota católica que mantiene viva su fe. El templo actual se construyó durante el periodo en que Juan Eligio Mansilla Loaíza se desempeñaba como fiscal y patrón de la iglesia Nuestra Señora de la Aurora (construida entre 1909 y 1912), mientras que la gruta se erigió en 1927. Ese mismo año habría llegado la imagen de la Virgen de Lourdes, que reemplazó a Nuestra Señora de la Aurora como patrona. Así, el 11 de febrero de 1927 comenzaron las fiestas en su honor.

     

    Este caso fue elegido para visibilizar la presencia de grutas en diversos conjuntos vinculados a la Escuela chilota de Arquitectura Religiosa en Madera, en los que, si bien se reconocen elementos como el embarcadero, la explanada, templo, el cementerio y la casaemita, la gruta ha sido históricamente invisibilizada. Además, se destaca el compromiso de la comunidad por cuidar estos espacios de forma autónoma.

     

    Con un marcado valor paisajístico, el espacio sagrado de la gruta se extiende hacia el mar durante las fiestas, con la procesión de San Pedro y las peregrinaciones de fieles que llegan a la isla. La celebración de la Virgen de Lourdes incluye una novena y culmina con las fiestas principales entre el 9 y el 12 de febrero. No existe ninguna declaratoria de protección legal sobre el lugar, lo que, paradójicamente, otorga a la comunidad mayor libertad para gestionarlo según sus propias prácticas y creencias.


  3. Santuario Natural Cascada de la Virgen, Puerto Aysén, región de Aysén

     

    Construida en 1955, en tiempos del sacerdote Mario Zanella, y reacondicionada en 2000 por el obispado de Aysén, esta gruta está justo en la mitad del camino entre Coyhaique y Puerto Aysén, en una zona de cerros y bosque nativo, compartiendo espacio con una cascada. Durante la procesión, que tiene lugar el 8 de diciembre, los fieles recorren a pie o en automóvil los 32 km que separan las ciudades de la gruta. Este rito se inició en el Jubileo de 2000.

     

    Este caso se escogió por la condición “natural” del lugar, que contravenía la idea que teníamos al inicio de la investigación, en el sentido de que las grutas de Lourdes serían artificiales, en mayor o menor grado. No obstante, después de una entrevista con Luis Infanti de la Mora, obispo de Aysén, se tomó nota de que la gruta original, que estaba 20 metros sobre el camino público, fue intervenida en 2000, ocasión en que se extrajeron 300 camionadas de tierra del cerro para llegar a la roca viva. Seguidamente se instaló una nueva hornacina para la Virgen y se construyó una explanada para acoger a los fieles, con lo que concluimos que incluso una gruta aparentemente muy poco intervenida, puede esconder operaciones complejas y un gran esfuerzo por parte de la comunidad o la institucionalidad.


  4. Gruta de Lourdes del cerro la Virgen, Chile Chico, región de Aysén


    Habría sido construida por la comunidad y el primer sacerdote de la parroquia de Chile Chico entre los años 1949 y 1952. En aquel entonces la Virgen dominaba el naciente pueblo que había vivido importantes enfrentamientos a inicios del siglo XX. Se visitaba en gran procesión el 8 de diciembre. Su ubicación en un lugar tan aislado llama la atención, y quisiéramos pensar que no es casualidad que en la misma comuna, a unos 25 kms de distancia, se encuentra la Cueva de las Manos, uno de los sitios de arte rupestre más antiguos de America.


    En una entrevista, la señora Carmen Vidal (1946) recordaba que el cerro donde se emplaza era llamado Gabriela Mistral y tenía banderas de las diferentes nacionalidades de los colonos avecindados en el lugar: belgas, franceses, argentinos, españoles, etc.


  5. Gruta de Lourdes de Melinka, comuna de Guaitecas, Archipiélago de las Guaitecas, región de Aysén


    Emplazada en lo alto de una ladera del poblado de pescadores de Melinka, la gruta se encuentra rodeada de flora nativa. Desde allí la imagen de la Virgen domina los islotes e islas de los canales interiores. Habría sido construida en la década de 1970 por la pequeña comunidad de entonces, liderada por el primer fiscal, don Daniel Quediman Colun, y su esposa, María Adelina Ayan Ayan, quienes llegaron desde Puqueldón, Chiloé, trayendo consigo la devoción a Lourdes. Ambos eran lectores de Eco de Lourdes, revista nacida en 1902 para evangelizar a personas de todo Chile.


    Este caso fue elegido por la belleza de su emplazamiento y por las iniciativas surgidas desde el mundo laico. Los vecinos cuidan el lugar, lo limpian tras las visitas de personas que vienen a “carretear”, y en 2023, la agrupación Grumagua (Grupo de Maestros Guaitecas) recuperó sus bancas. En 2025, la municipalidad construyó un puente de acceso y pasarelas para recorrer el cerro, sin intervenir el espacio sagrado. “Con esta inversión ponemos en valor un sector patrimonial de nuestra comuna”, reconoció el alcalde de turno en 2024.


Autores


M. Soledad Díaz de la Fuente Leighton, trabajadora social UC y Magíster en Intervención del Patrimonio Arquitectónico U. Chile. Presidenta Fundación Aldea.


Robert Newcombe, arquitecto Bartlett School of Architecture, University College London, y profesor Escuela de Arquitectura UC. Director ejecutivo Fundación Aldea.


Editor: Julio Carrasco, escritor y poeta, Ingeniero civil mecánico, CUJAE, La Habana, Cuba.


Contribuciones


-Luis Bahamondes Gonzalez, director Instituto de Estudios Judaicos, Universidad de Chile, Doctor en Ciencias de las Religiones.


-Mauricio Baros, académico Facultad de Arquitectura y Urbanismo y del Centro de estudios Árabes  Universidad de Chile.

1 comentario


Daniela Olguín
Daniela Olguín
25 ago

Ya quiero leer ese libro, felicitaciones por esta hermosa investigación.

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